Píxeles y Aventuras Gráficas

M.B.:

¡Ah! Todo era mucho mejor en los 80… Sin obligaciones, vistiendo con mis zapatillas Victoria, los calcetines hasta las rodillas y un pantaloncito corto de Boomerang que hacía asomar mis muslos imberbes… las camisetas con bolsillo en el pecho, las gafas de culo de vaso y el walkman enganchado a la cintura. Una estampa digna de Terry Richardson, vaya.

Loida:

Terry es un fotógrafo de moda que se ha dedicado a hacer fotografías bizarras. Algunos ya le conoceréis, porque me gusta un poco lo escatológico, y a veces doy la vara con él. Su página web, aquí

Terry Richardson y los toros

La Leche de Terry Richardson

M.B.:

El otro día estaba en El Garito tomándome unos minis y empezamos a hablar de los videojuegos de los 80/90. Los que llevamos un tiempecito en esto (yo empecé con un 286 en el año ’87) no sabemos la suerte que tenemos. La posibilidad de haber ido viendo toda la evolución de los videojuegos hasta la perfección consolera actual. Las nuevas generaciones compran (o bajan) un juego, echan un par de partidas, y se aburren. Nosotros llegábamos a pasarnos semanas jugando al mismo juego hasta que por fin desentrañábamos los misterios del mismo.

Mi primer juego fue el Alley Cat. Era un gato que tenía que colarse en las casas de una comunidad de vecinos un tanto cabrona que le tiraba planchas y rodillos de cocina, mientras intentaba que los perros del barrio no le cogieran. El objeto final era conocer a una gata y terminar juntos, pero esquivando las flechas envenenadas de Cupido que te lanzaban las otras gatas.

Alley Cat

También jugué al Pacman o al Tetris (¡había uno en 3-D que era la leche!), pero sin duda los juegos que más me gustaban, los que más me marcaron, fueron las aventuras gráficas de la era dorada de LucasArts.

La primera a la que jugué fue el Loom, donde hacías de un monje que, a través de conjuros musicales, podía realizar acciones como abrir cosas o transformar la paja en oro. Con El Lago de los Cisnes de fondo, se iba desentrañando un misterio con la muerte de por medio, en un mundo medieval de gremios y telares.

Loom

Imagen del Loom

En aquella época no había internet, así que si jugabas a una aventura gráfica y te atascabas estabas jodido. En los grandes almacenes vendían guías para terminar los juegos (¡eran carísimas, del orden de 2995 ptas!) y había una subcultura de Arte de Cartón con las cajas de los videojuegos.

Loida:

Ahora estamos acostumbrados a que todo venga en una típica carcasa de DVD, pero hubo una época en la que el embalaje era incluso más importante que el videojuego. Venían en enormes cajas de cartón, generalmente con algún relieve o forma rara (triangulares, hexagonales, plateadas…) y dentro había multitud de extras. Detallados manuales e ingeniosos sistemas anticopia a base de códigos de colores, enigmas que tuvieran que ver con el juego o ruedas giratorias que, en determinada postura, dejaban ver el código de seguridad. ¡Y encima venían en diskettes!

 

Para que os hagáis una idea de cómo se lo curraban antes, echadle un vistazo al manual que venía en una de las mejores Aventuras Gráficas de la Historia, el Laura Bow 2: The Dagger of Amon Ra aquí.

Para conocer un poquito más de la historia de los videojuegos o curiosidades sobre los mismos, visitad el precioso blog de La Petit Claudine, en su categoría de videojuegos.

M.B.:

A partir de ahí, poco a poco, me fui aficionando a todas las aventuras de Lucas que iban saliendo: Monkey Island (y sus secuelas), Sam and Max, Maniac Mansion (y su segunda parte, aún mejor, The Day of the Tentacle), Indiana Jones

Sam and Max

Monkey Island

Todos se basaban en un sistema llamado SCUMM, a través del cual interactuabas con los distintos objetos en pantalla. En la parte inferior de la misma estaban las acciones que tenías, y debías hacer combinaciones surrealistas de objetos para seguir avanzando. En esta página de abandonware hay un montón de estos adictivos juegos antiguos, listos para descargar y jugar en nuestras modernas y potentes máquinas actuales.
Ahora, con el auge de los videojuegos tácticos o el rol, ya no se hacen aventuras como las de entonces, con tan pocos elementos como un buen guión y mucha imaginación. Sin embargo, un rayito de esperanza se avalanza sobre mí cuando oigo que se está realizando la segunda parte de Sam and Max. Tal vez no todo esté perdido.

Sam and Max 2

Continuará…

 

Published in: on noviembre 22, 2006 at 10:48 am  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Muy bueno… Si señor, yo soy de tu epoca, quizas un poco mas joven. Yo empece con el Monkey Island I y poco a poco fui jugango a todos esos que comentas. El loom era simplemente maravilloso, los indys, etc… Que tiempos.

    Que poco piensan ahora los programadores…

  2. Totalmente de acuerdo. Soy uno de esos nostálgicos que va predicando en cada rincón las excelencias de los juegos para PC de finales de los ochenta y primeros noventa, una época de alocado ingenio, rabiosa inventiva y estoica capacidad de trabajo. Benditos sean estos Monkeys, Tentacles, Indys, King´s Quest (atención al V), Goblins, e incluso juegos de rol de esa misma época como Ultima VII, lejos de los juegos masivos online de hoy, en que había un argumento de tamaño y complejidad inauditos, y una captación de los mitos medievales y tardoantiguos de cátedra (bueno… algo más).
    Un saludo a los ochenteros.
    O tempora, o mores.

  3. La época dorada del software fue durante los 80 y 90. Los juegos de hoy en día (y yo aún pruebo muchos de vez en cuando), no tienen comparación alguna con los de aquellos tiempos.

    Al no disponer de tantos recursos gráficos y de procesador como ahora, los diseñadores y programadores de videojuegos en épocas anteriores trabajan mucho más duro y se las ingeniaban mil veces más para llenar los juegos de detalles y buenos argumentos que nos enganchaban endiabladamente. Aún tengo que ver historia que le haga sombra a juegos tales como el Monkey Island I o II, o a la fantástica aventura de Loom; o al increible mundo lleno de lugares, personajes e historias de Ultima VII. Éstos juegos realmente nos hacían querer jugar sin parar, hasta encontrar el último de los misterios, disfrutando como niños, y dejando a la imaginación mucho más que lo que los juegos de hoy en día nos dejan.

    Sprites forever! Un saludo a Antuán.


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