Escobazos

El miércoles hice una locura. Salí de currar y me fui a tomar unas cañas con unos compañeros de trabajo. Sarilla me contó entonces que al día siguiente iba a coger un autobús para ir a su pueblo, Jarandilla de la Vera, donde todos los años se hace una fiesta muy peculiar: los escobazos. Me explicó cómo iba todo, y me preguntó si quería ir. Y, a la tercera caña, caí.

Por la mañana cogimos mi tartana de coche y el Loopolo nos llevó a Jarandilla, en Cáceres. Llegamos a eso de las 14.30 y, tras dejar las cosas en su casa, nos fuimos a tomar cañas con sus amigos. ¡Eran como 40! Con ambiente de fiesta de pueblos (pero aún mayor, porque todo se concentra en un día), los bares estaban repletos, y todo el mundo te trataba como si fueras del pueblo, invitándote a beber: no me he sentido más rápidamente integrado en mi vida.

A las 18, sin comer, fuimos a casa de Sara para ponernos los monos y que el humo no dejara rastro en la ropa. ¡Mierda! ¡El mono que tiene Sarilla me queda pequeño! ¡Parezco una morcilla marcando micropene! Mejor me pongo ropa mía y que huela a humo… eso sí, ¡el gorro de bufón con tres borlas no puede faltar!

Mono para los escobazos

Sarilla y yo en Escobazos

La fiesta funciona así: la gente hace enormes antorchas para acompañar en procesión a la virgen mientras canta una canción de acompañamiento (que, por cierto, ponen en todos los bares de cuando en cuando, así que no hay problema para aprenderla). El origen es incierto, pero parece ser que proviene de cuando los pastores bajaban al pueblo tras largas temporadas en la montaña con sus escobazos ardiendo, y se atizaban los unos a los otros para entrar en calor. ¡Y vaya si atizan! La gente va con sus escobones (desde los más pequeños, para neófitos infantes, hasta los más exagerados, como porros gigantes) golpeándote en el culo. Y la verdad es que se agradece, porque no dejó de llover en todo el día/noche…

[vídeo de las fiestas de Escobazos ’05

(no encontré nada de este año aún…)]

Los que ya conocían la fiesta decían que este año estaba deslucida, pero yo me quedé impresionado. Calados como íbamos, con la cámara de fotos siempre a cuestas, vimos a la virgen y nos dirigimos a la Gran Hoguera, que ardió a pesar de la lluvia, dejando rastros de fuego de hasta 60 metros. Más tarde, ducha y cena copiosa (quiero una solicitud de cambio de madre, Luis, ¿qué pides por la mía?) incluidas, fuimos por los pubs-discotecas del pueblo, emborrachándonos hasta las 4.30 de la mañana, donde mi cuerpo dijo basta.

Foto de Escobazos

El Escobón

 

Foto de Escobazos

 

La Gran Hoguera

 

 

La Gran Hoguera - Comparación con la Iglesia cercana

Al día siguiente, tras comer de nuevo en casa del novio de Sara, volvíamos para Madrid, con los Beatles sonando de fondo y un bote de pimentón de la Vera en el maletero. La única pega es que me olvidé de la bella Fairy (no me lo perdonaré nunca), y tuvimos que posponer nuestro cuento…

Bueno, esa y la que me contó Sara ayer, mucho más dura. Uno de los chicos con los que salimos aquella noche fue al día siguiente de excursión a la sierra de Gredos. Un mal paso, una mala caida, la muerte. Y ya está, no hay más. La vida es así de frugal, hay que aprender a contenerla.

Y a veces te come tan rápido que ni te das cuenta.

Published in: on diciembre 11, 2006 at 12:54 pm  Dejar un comentario  

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